jueves, 21 de agosto de 2014

Inicios de la anestesia general inhalatoria en Santiago de Compostela

Los agentes anestésicos comienzan a utilizarse con éxito a partir de la mitad del siglo XIX. Por fin se había conseguido lo que durante mucho tiempo se había buscado: practicar intervenciones quirúrgicas en ausencia total de dolor y, con ello, evitar el terrible sufrimiento que experimentaban los pacientes durante la cirugía. En España se introdujeron rápidamente las técnicas anestésicas venidas fundamentalmente desde Estados Unidos y el Reino Unido. De entre las primeras ciudades que iniciaron su uso clínico destacan Madrid, Barcelona y Santiago de Compostela.

Aunque resulte sorprendente que una pequeña ciudad, como Santiago de Compostela, tuviera un protagonismo tan marcado en el inicio de la anestesia general inhalatoria en España, será más fácil comprenderlo en el escenario que por entonces pasaba la Facultad de Medicina de la histórica Universidad de Santiago de Compostela. Por aquellos años surgió una pléyade de ilustres figuras en torno a la Facultad de Medicina, que dieron en formar la llamada Escuela Médica Compostelana, encabezada por el decano José Varela de Montes. Personajes decisivos para la introducción de la anestesia fueron los cirujanos José González Olivares y Vicente Guarnerio, aunque posiblemente no sería posible esta investigación sin el concurso del químico Antonio Casares.

Éter sulfúrico
La demostración exitosa del éter sulfúrico como anestésico por William T. G. Morton el 16 de octubre de 1846 en el Hospital General de Massachusetts de Boston se difundió muy rápidamente por Europa, entrando primeramente la noticia por Londres y difundiéndose después por Francia, Bélgica, España y Alemania, los primeros países del continente en experimentar la novedad. Diego de Argumosa, catedrático de Cirugía en la Facultad de Medicina de Madrid, realizó el primer ensayo clínico en España con anestesia etérea el 13 de enero de 1847 a un paciente para drenaje de un absceso parotídeo. Entre el 13 y 26 de enero de 1847, Argumosa realizó cinco ensayos con el éter sulfúrico, valiéndose para su administración del inhalador diseñado por William Harapath, pero con unos resultados que no le satisficieron plenamente. Los siguientes en usar la anestesia etérea en España fueron el dentista Oliverio Mechechan en Madrid, el profesor de cirugía Antonio Mendoza en Barcelona, el cirujano Antonio Sáez y el profesor de cirugía José Martín, ambos en Madrid.
El sexto cirujano que usó el éter en España fue José González Olivares, catedrático de las Enfermedades de la Mujer y de los Niños en la Facultad de Medicina de Santiago de Compostela, posiblemente sobre el 22 de febrero de 1847 para la extirpación de un pólipo nasal. Antonio Casares, catedrático de Química y a la sazón rector interino de la universidad compostelana, fue el encargado de sintetizar el éter sometiéndose a un autoexperimento con él mismo, en ese mismo mes de febrero, antes de que Olivares lo ensayara con un paciente.

Publicación La eterización en España de José González Olivares (Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia 1847; 81:235-237) describiendo su experiencia personal en 14 pacientes intervenidos con anestesia etérea
 
José Varela de Montes (1796-1868). Decano de la Facultad de Medicina de Santiago de Compostela que impulsó y favoreció la introducción de los nuevos agentes anestésicos en el Hospital Real de Santiago
 
Olivares recibió las primeras noticias del uso del éter procedentes de Francia; como él mismo dice “ambicionaba un medio con el que pudiera acallar los tristes ayes de los enfermos, y tan luego como se me comunicó desde Paris que se hacían ensayos para tornar insensibles a los operados, procuré informarme del modo de aplicarlo”. Entre el mes de febrero y mayo, inclusive, de 1847 Olivares realizó 14 eterizaciones publicando sus resultados en el mes de julio sin que lograran satisfacerle enteramente, a pesar de que muchos de sus ensayos fueron exitosos, y sólo lo recomendaba para determinados casos como en intervenciones de poca importancia o corta duración. Más a favor se muestra en recomendarlo en intervenciones que sea preciso una buena relajación muscular, que el éter logra proporcionar, como para la reducción de hernias estranguladas, corrección de fracturas o luxaciones.
 
Antonio Casares Rodrigo (1812-1888). Catedrático de Química de la Facultad de Farmacia de Santiago de Compostela que consiguió sintetizar éter y cloroformo, y colaboró decisivamente en las primeras experimentaciones con estos agentes anestésicos en el Hospital Real de Santiago
 
En buena parte, Olivares culpaba de los malos resultados al aparato utilizado para administrar el éter diciendo “¿dependerá de la imperfección del aparato?. Esta duda es al que me retrae de decidirme abiertamente contra su uso. Hace ya un mes que no me valgo de ellas, esperando que llegue a mis manos uno de los aparatos de Mr. Charrière”. El aparato que Olivares había utilizado en sus primeras experiencias era similar al propuesto por Michael Faraday, consistente en un frasco de cristal de amplio cuerpo, cerrado por un corcho que estaba atravesado por dos tubos de cristal, uno abierto para la entrada de aire en el frasco y otro acodado para la salida de vapores de éter que se introducía en la boca del paciente, al mismo tiempo que un ayudante comprimía la nariz para que el enfermo respirara sólo por el tubo. Esta publicación tiene una gran importancia histórica, no sólo por ser la mayor casuística de un cirujano español sobre el éter sino por las propias conclusiones que se derivan de sus resultados, mostrando cierto escepticismo sobre la universalización del método. Olivares, no obstante, sigue aplicando el agente anestésico hasta un total de 26 ocasiones a finales de diciembre de 1847. El diario El Heraldo de Madrid, del día 1 de enero de 1847, a propósito de esta abultada casuística dice “el doctor González Olivares (...), cuando nunca le satisfizo completamente la eterización, aunque hizo valiéndose de ella 26 operaciones quirúrgicas, más acaso que todos los restantes cirujanos de España”.

Vicente Guarnerio, catedrático de Clínica Quirúrgica en la Facultad de Medicina de Santiago de Compostela, es también uno de los pioneros en el uso de la eterización en España. Después de las experiencias iniciales realizadas por su colega Olivares, en octubre de 1847, realiza en el Hospital Real de Santiago la amputación de la lengua de un paciente sometido a una eterización profunda, que tardó mucho tiempo en despertar después de ser operado.
 
Cloroformo
El cloroformo fue descubierto en 1831. Fue usado pronto en Medicina reconociéndose tempranamente sus posibles aplicaciones como anestésico en intervenciones quirúrgicas. En octubre de 1847 el químico David Waldie sugirió al ginecólogo James Y. Simpson, profesor de Obstetricia en Edimburgo (Reino Unido), la posibilidad de usar el cloroformo como anestésico. Después de comprobar sus efectos, incluyendo a los experimentados en sí mismo, Simpson junto a su ayudante James M. Duncan iniciaron el uso del cloroformo con varias intervenciones obstétricas y de cirugía menor, presentando el día 10 de noviembre de 1847 un informe de estas experiencias a la Sociedad Médico-Quirúrgica de Edimburgo. A partir de entonces, el uso de cloroformo se extiende con rapidez por todo el mundo. William Fergusson confirma, ya el día 20 de ese mismo mes, los buenos resultados obtenidos en el hospital St. Bartholomew de Londres.

A finales de noviembre de 1847, las noticias de las primeras experiencias con la anestesia clorofórmica por Simpson y Fergusson llegan a España por la prensa médica y de información general inglesa y francesa. El diario El Barcelonés de Barcelona y El Español de Madrid dan las primeras informaciones los días 27 de noviembre y 3 de diciembre respectivamente de ese año. Las primeras revistas médicas que dan cuenta de tal acontecimiento son El Telégrafo Médico de Barcelona y la Revista de Ciencias Médicas de Cádiz el mismo mes de noviembre.
 
Vicente Guarnerio Gómez (1818-1880). Catedrático de Clínica Quirúrgica de la Facultad de Medicina de Santiago de Compostela que participó activamente en los primeros ensayos con anestesia etérea y clorofórmica llevados a cabo en Santiago
 
En Santiago de Compostela, las primeras noticias se reciben posiblemente a finales del mes de noviembre de 1847 por medio de la prensa diaria francesa. Vicente Guarnerio reconoce que se informó del hecho por el periódico parisino El Diario de los Debates del día 24 de noviembre, que leyó el 4 de diciembre. Al día siguiente acude a comunicarle la noticia al profesor Antonio Casares pero se encuentra con la sorpresa de que ya era conocedor de la misma y, no sólo eso sino que, además ya había conseguido obtener una pequeña cantidad de cloroformo, precisamente por un método muy similar al que había propuesto Eugène Soubeiran en Francia solamente unos días antes. Por este motivo el mismo Guarnerio comenta “sin que se le hubiese ocurrido (al Dr. Casares) por eso reclamar a dicho señor le droit de priorité. De esto acontece mucho entre nosotros”. La noticia es recibida con gran interés por los profesores de la universidad iniciando, desde el primer momento, una intensa actividad investigadora, tal vez no igualada en otro lugar de España, lo que les llevará a ser los primeros en experimentar sus efectos. Todos estos ensayos fueron rápida y ampliamente difundidos en la prensa médica y de información general española.
 

Publicación Preparación del cloroformo de Antonio Casares (Boletín de  Medicina, Cirugía y Farmacia 1848; 105:7) donde describe la técnica utilizada para sintetizar el cloroformo así como los resultados de la autoexperimentación
Según nos relata detalladamente Guarnerio, Casares después de ensayar distintos métodos para obtener una suficiente cantidad de cloroformo, el día 19 de diciembre de 1847 reunió en su laboratorio de la universidad a los profesores Vicente Guarnerio, José González Olivares y Andrés de Laorden, así como al geógrafo Domingo Fontán. En su presencia anestesió a un perro de raza dogo, con media dracma de cloroformo purificado que se aplicó mediante un pañuelo empapado con la sustancia. Después de conseguir unos buenos resultados con el animal, Casares ensayó en sí mismo la inhalación de vapores del cloroformo, a través de un pañuelo en el que había vertido algo menos de media dracma y que al medio minuto de haberlo aplicado a la nariz se produjo “decaimiento del semblante y oclusión de los párpados, relajación completa de todos los músculos, respiración lenta y profunda, insensibilidad a las picaduras de la piel del antebrazo y cara interna de los muslos, pulso y color normal, respondió a la primera pregunta, pero luego no pudo verificarlo, tenía conocimiento de lo que pasaba a su alrededor, sentía un poco de constricción en los maseteros, percibió un olor etéreo y sabor a camuesa y sintió hormigueo en la punta de los dedos de los pies y manos. A los 6 minutos disminuyó la insensibilidad y persistió un entorpecimiento general hasta los 20 minutos, restableciéndose por grados la sensibilidad y la fuerza muscular”.
 

Publicación Ensayos sobre el cloroformo de Vicente Guarnerio (Gaceta médica 1847; 108:282) en donde relata la primera experiencia con anestesia clorofórmica realizada en España el día 20 de diciembre de 1847 para una amputación parcial de pene
 
Después de esta fase inicial de experimentación, al día siguiente, el 20 de diciembre, Guarnerio realiza la primera intervención con anestesia clorofórmica en su clínica quirúrgica del Hospital Real de Santiago, que el mismo relata, según un escrito que realiza ese mismo día y publicado en la Gaceta Médica editada el día 30 de diciembre, de la siguiente manera: “Esta mañana sometí a la acción del cloroformo a un paisano de unos 58 años de edad (parece ser que su edad exacta eran 62 años), robusto y bien constituido, pero de escasa inteligencia, el cual tenía un cáncer de prepucio y glande, y que ocupaba la cama núm. 1 de mi sala de clínica quirúrgica. El anfiteatro de operaciones estaba cuajado de discípulos, y los señores profesores Laorden, Pintado, La Riva, Baeza, Teijeiro y otros, me favorecían con su asistencia. Colocado el enfermo en la cama del dolor boca arriba, y con los pies colgando, dispuesto todo para operarle por el procedimiento de Barthelemy que he modificado, se le aplicó debajo de la nariz una compresa cuadrada rociada con media dracma de cloroformo. A los dos minutos se insensibilizó completamente pero mandé continuara un minuto más para que la acción fuera más profunda. Advertimos entonces: 1. Palidez y decaimiento del semblante; 2. Oclusión de los párpados, retracción del ojo hacia arriba, insensibilidad del iris; 3. Resolución completa de todo el sistema muscular; 4. Insensibilidad a la picadura con la punta del bisturí; 5. Respiración baja y profunda, ligero ronquido; 6. Pulso y calor normal. De un solo golpe se hizo la amputación sin que el enfermo sintiese ni tuviese conciencia de lo que se le había hecho. Se ligaron las dos arterias dorsales, las dos cavernosas y otros dos ramos pequeños, sin manifestar dolor alguno. Observé que se retrajeron éstas mucho menos que de ordinario y fue muy fácil su ligadura. No observé, como dice Amussat al Instituto de Francia, que la sangre arterial se asemejase, por el color parduzco que toma, a la sangre venosa. Esto lo hice notar a cuantos presenciaban la operación. A los 6 u 8 minutos abrió los párpados, e inmóvil permaneció hasta los 11 minutos, que preguntó cuando se le operaba. No conoció se le hubiese amputado el pene, sino 20 minutos después de la operación y cuando ya estaba en cama. Entonces me manifestó no dolerle nada; que no había tenido picazón en la garganta, ni náuseas, ni hormigueo. Tampoco recuerda haber sentido que se le hiciese daño alguno. Su aliento exhalaba el olor especial del cloroformo”.

El paciente a que hace referencia Guarnerio se llamaba Domingo Barreiro, de 62 años de edad, de profesión agricultor, casado, natural y vecino de la parroquia de San Sebastián de Covelo (Pontevedra), que fue ingresado el día 15 de diciembre de 1847 y dado de alta posiblemente el día 24 de enero de 1848. El profesor Juan García Baeza, colaborador y discípulo de Guarnerio, nos ofrece más detalles acerca de esta operación que publica en la Revista Médica de Santiago editada el 1 de junio de 1848, diciendo “se presentó con un cáncer de glande y prepucio que se extendía hasta la parte media del pene, a la estrechez de la abertura del prepucio con que nació y a la dificultad que le ofreció siempre para la emisión de la orina por acumularse ésta entre el prepucio y el glande, atribuía con razón la constante irritación que allí tenía y le hacía dolorosa esta función. Consecuencia de este estado fueron las tres aberturas fistulosas que se le presentaron en el prepucio y por las cuales salía la orina. El estado duro y carcinomatoso del glande y prepucio no dejaban más recurso que la amputación parcial. Ésta la practicó el Dr. Guarnerio el día 19 de diciembre de 1847 (se sabe que realmente fue el día 20) siguiendo el procedimiento del Dr. Barthelemy el que ha modificado quitando el inconveniente de permitir que se escape la porción de sonda cortada a la vejiga, haciendo para esto que el ayudante que retiene la raíz del pene sujete fuertemente entre su dedo índice y pulgar la sonda. Por primera vez vimos en el Hospital Clínico de esta escuela (y acaso lo sería también en España) y conmigo muchos profesores y numerosos alumnos, los efectos rápidos y sorprendentes de la acción anestésica del cloroformo, insensibilizado en un minuto, fue instantánea la amputación sin que sintiese nada el enfermo, despertando de allí a poco y ya curado, preguntando cuando se le hace la operación. A los tres días se le dejó sin sonda, se le recomendó volverse boca abajo cuando orinase y a los cuarenta días de su entrada salió completamente curado, sin que la orina cayese sobre el escroto ni la piel sobrase”.
 

Publicación Inhalaciones del cloroformo de José González Olivares (Boletín de  Medicina, Cirugía y Farmacia 1848; 105:6) donde relata sus primeras experiencias con la anestesia clorofórmica en Santiago

Con posterioridad, entre el 20 y 24 de diciembre de 1847, el profesor Olivares también ensayó el cloroformo en el mismo Hospital Real, según se desprende de un escrito suyo del 25 de diciembre de 1847 que publicó el Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia editado el 2 de enero de 1848, aplicando el procedimiento anestésico primeramente a la paciente Georgina Camaño, una mujer de 35 años “con escirro de la glándula mamaria derecha (...) disecando el tumor (...) y todos los ganglios axilares (...) sin el menor síntomas de sensibilidad”. El mismo cirujano refiere realizar una segunda intervención con cloroformo el día 24 de diciembre al paciente Jesús Salvador, que según dice: “amputé por la mitad el miembro viril a un soldado de Aragón que ocupaba la cama núm. 21 de San Calixto: Le apliqué a la boca y narices una esponja empapada en cloroformo; se tendió sobre ésta y la cara una compresa y al minuto dormía profundamente; amputé, ligué cuatro vasos y coloqué el apósito sin que el enfermo diese la menor señal de sensibilidad; 36 horas han transcurrido ya después de la operación y no se ha presentado otro fenómeno que la consiguiente a la herida”. Los resultados son tan satisfactorios que hacen afirmar a Olivares que “por este medio se llega indudablemente a alcanzar lo que después de siglos se buscó con empeño”. Esta impresión tan favorable de Olivares con el cloroformo contrasta notablemente con la más desfavorable que tuvo previamente con el uso del éter sulfúrico.
 
Andrés de Laorden López (1813-1903). Catedrático de Anatomía Quirúrgica de la Facultad de Medicina de Santiago de Compostela que colaboró en la experimentación de los nuevos agentes anestésicos en Santiago
 
A partir de entonces, el cloroformo sería utilizado con profusión en las clínicas quirúrgicas del Hospital Real de Santiago según se desprende de lo manifestado en distintas publicaciones en la Revista Clínica por los doctores Andrés de Laorden, Manuel Pintado, Juan Magaz y el propio José G. Olivares.
La lectura detenida de todos los documentos existentes sobre el hecho que se relata, puede dar lugar a distintas interpretaciones acerca de cuál fue el primer cirujano que usó la anestesia clorofórmica y cuál fue la primera intervención. Asimismo puede existir una cierta confusión respecto a la fecha exacta en que se realizó esta primera intervención. Por último, a la luz de nuevos descubrimientos, se puede poner en entredicho que fuese en Santiago de Compostela donde se realizara la primera experiencia con el cloroformo.

Publicación Reflexiones sobre los efectos del cloroformo y conveniencia de su uso; aplicaciones que de él pueden hacerse a la medicina y medios para contrariar sus efectos de Andrés de Laorden (Revista Médica 1848; 1:10-13 y 2:17-24) donde describe las indicaciones y efectos secundarios de la anestesia clorofórmica
 
Son muchas las evidencias que mantienen que fue Vicente Guarnerio en realizar la primera intervención con cloroformo, como ya hemos comentado, pues según argumenta su colaborador Juan García Baeza “la practicó el Dr. Guarnerio el día 19”. Por otra parte, el profesor y decano José Varela de Montes dice que “en el día 21 el Dr. Guarnerio sujetó a un enfermo, que debía sufrir una amputación del pene, a las inspiraciones del cloroformo”. No obstante, de la múltiple información de que dispone sobre los hechos secuenciales que se produjeron en Santiago, aquel mes de diciembre de 1847, certifican con mayor seguridad que realmente fue el día 20. Tanto los escritos de Casares como Guarnerio, que fueron los que recibieron las primeras informaciones del exterior y los que llevaron la iniciativa en los estudios, mantienen constantemente que los ensayos fueron el día 19 de diciembre y la primera intervención con anestesia clorofórmica el día 20. Guarnerio, en carta remitida a la Gaceta Médica fechada el día 20 de diciembre de 1847, dice “esta mañana sometí a la acción del cloroformo a un paisano (...) que se hizo la amputación del pene”. La rapidez con que quiere manifestar el hecho ocurrido, el mismo día en que se produce, no tiene más significado que la constatación de que se reconozca que fue ese día, y realizada por él, la primera vez, evitando así que alguien puede adelantarse reclamando la propiedad de la autoría.
Respecto a que fue Guarnerio, y no Olivares, el cirujano que realizó la primera intervención con anestesia clorofórmica, parece no haber la menor duda. Ya hemos referido como Juan García Baeza y José Varela de Montes dan esta prioridad a Guarnerio. Éste mismo es el que publica el acontecimiento con mayor premura en prensa médica, como hemos señalado, el mismo día del acontecimiento: el 20 de diciembre de 1847. Olivares, sin embargo, remite una carta más tardíamente, el día 25 del mismo mes, al Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia donde, si bien constata que el día 24 había empleado el cloroformo con un paciente al que practica amputación de pene, no es preciso a la hora de determinar la fecha de la intervención donde lo empleó por primera vez a una paciente con cáncer de mama a la que practica su exéresis con vaciamiento ganglionar axilar, quizás esta vaguedad sea pretendida para así poder facilitar la autoría de la prioridad a su favor. Él mismo refiere “cuando llegó a nuestra noticia el modo como el Dr. Soubeiran prepara el cloroformo, se hallaba el Dr. Casares, rector interino de esta Universidad, preparando el mismo procedimiento. Este distinguido profesor se sujetó él mismo a sus efectos y pudo conocer bien su modo de obrar. Al día siguiente, en la clínica de las Enfermedades de las Mujeres, hice inspirar este líquido a una mujer (...) con escirro de la glándula mamaria derecha”. Si, como ya se ha expuesto, los ensayos de Casares son el día 19, entonces esta intervención de González Olivares tendría que ser el día 20, justo el mismo día en que Guarnerio realiza la suya. Es difícil suponer que esto realmente haya sido así. El decano de la Facultad de Medicina, profesor Varela de Montes, no duda en atribuir la prioridad para Vicente Guarnerio anunciando orgullosamente el logro y diciendo que “los pormenores de esta operación serán presentados por el Dr. Guarnerio, y fue presenciada por el catedrático Laorden, el doctor La Riva, el profesor Pintado, agregado, el profesor clínico y los alumnos”. La expectación que levantó la intervención que realiza Guarnerio, con multitud de profesores y alumnos en la sala quirúrgica, es propia de los grandes acontecimientos. El mismo Olivares no intenta en ningún momento, en sus múltiples escritos, manifestar que fue él el primero en utilizar el cloroformo. También resulta significativo el hecho de que la iniciativa de los estudios fuera a cargo de Guarnerio y Casares, y por todo ello no sería lógico que fuese Olivares el encargado de realizar la primera experiencia en la clínica con pacientes.

Publicación Inconvenientes graves del uso de las inhalaciones clorofórmicas: Medios de evitarlos de Juan Magaz (Revista Médica 1848; 11:236-240) donde refiere complicaciones severas por el mal uso del cloroformo

Por otra parte, si bien durante muchos años se consideró que fue en Santiago de Compostela donde se hicieron los primeros experimentos y ensayos con el cloroformo en España, sin embargo ha podido conocerse que Antonio Mendoza, catedrático de la Facultad de Medicina de Barcelona, también utilizó el cloroformo el mismo día 20 de diciembre de 1847, según él mismo refiere en una publicación en La Abeja Médica, para realizar una amputación de muslo a la paciente Joaquina Estivill que padecía un sarcoma de rodilla. No obstante, la mayoría de las informaciones que surgieron no dudan en reconocer que fue en Santiago donde se realizaron las primeras experiencias, siguiendo un método científico que fue debidamente documentado y difundido. El mismo García Baeza sostiene que fue su maestro Vicente Guarnerio el primero en usar el cloroformo en España según dice “por primera vez vimos en el Hospital Clínico de esta escuela (y acaso lo sería también en España) y conmigo muchos profesores y numerosos alumnos, los efectos rápidos y sorprendentes de la acción anestésica del cloroformo”. En la hoja de servicios del profesor Guarnerio, localizada en la Universidad de Granada, consta que “en 1847 (...) fue el primero en España que ensayó y practicó un hecho que tuvo lugar en la Facultad de Medicina de Santiago, con la asistencia de muchos médicos, de lo que se ocupó la prensa”. En el periódico científico madrileño La Verdad, editado por el catedrático de la Universidad de Madrid Pedro Mata y Fontanet, el día 8 de enero de 1848, bajo el título Cloroformo, se escribe lo siguiente: “Son cada día más satisfactorios las noticias de los segurísimos efectos anestésicos producidos por esta sustancia. Los ensayos practicados en España confirman en sus resultados los de otros países de que tienen ya conocimiento nuestros lectores. A la Facultad de Santiago, que a pesar del corto tiempo de creación, tiene sobrados títulos adquiridos para su celebridad, cabe también la gloria de haber sido la primera en ensayar en nuestra patria el uso del cloroformo”. Asimismo, el periódico madrileño El Espectador de información general publica una amplia nota Efectos del cloroformo, el día 3 de febrero de 1848, donde se escribe: “Cabe la gloria a la Facultad de Medicina de Santiago de haber sido la primera en la península en apreciar los maravillosos efectos del cloroformo”.
En Madrid, sería Bonifacio Blanco quien utilizaría por primera vez el cloroformo, el día 31 de diciembre de 1847 en el Hospital General, para la dilatación de una fístula de ano a un joven de 19 años. A partir de estos ensayos iniciales, con resultados satisfactorios, el cloroformo consigue desplazar totalmente al éter sulfúrico, que había sido introducido sólo unos meses antes, siendo utilizado, prácticamente como único agente anestésico, durante una buena parte de la segunda mitad del siglo XIX.

viernes, 15 de agosto de 2014

Procesos asistenciales integrados de interés para Urología publicados por la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía


La Consejería de Salud de la Junta de Andalucía hace unos años comenzó con la elaboración del Mapa de Procesos en su sistema sanitario público, de desarrollo e implantación progresiva, con el objetivo de instaurar una mejor práctica asistencial y avanzar en la idea de mejora continua de la calidad en la organización sanitaria.
La Gestión por Procesos constituye una herramienta con la que se analizan los diversos componentes que intervienen en la prestación sanitaria para ordenar los diferentes flujos de trabajo de la misma, integrar el conocimiento actualizado y procurar cierto énfasis en los resultados obtenidos, teniendo en cuenta las expectativas que tienen los pacientes y profesionales, e intentando disminuir la variabilidad de las actuaciones en salud hasta lograr un grado de homogeneidad óptimo. Se trata pues, de impulsar un cambio en la organización basado en la fuerte implicación de profesionales y en su capacidad de introducir la idea de mejora continua de la calidad, y de llevarlo a cabo desde un enfoque centrado en el paciente y su entorno familiar y social.
La Gestión por Procesos supone un abordaje integral de cada uno de los problemas de salud definidos y ello conlleva el reanálisis de las actuaciones desde que un paciente demanda asistencia hasta que ésta termina. En este contexto, la continuidad asistencial y la coordinación entre los diferentes ámbitos de actuación en Atención Primaria y Atención Hospitalaria, se convierten en elementos esenciales.
Hasta el momento actual han sido elaborados casi unos 70 procesos que son denominados Procesos Asistenciales Integrados (PAI). De interés para Urología, han sido publicados tres PAI, el de HBP-Ca de Próstata, Trasplante Renal y Urolitiasis.


PAI de Hipertrofia Benigna de Próstata - Cáncer de Próstata

El PAI de HBP-Ca de Próstata va en su tercera edición (2011), con ediciones previas en 2005 y 2003. La coordinación estuvo a cargo del urólogo Víctor Baena González del Hospital Regional de Málaga.
PAI de Tratamiento Sustitutivo de la Insuficiencia Renal Crónica: Diálisis y Trasplante Renal
El PAI de Tratamiento Sustitutivo de la Insuficiencia Renal Crónica: Diálisis y Trasplante Renal fue publicado en el año 2005, bajo la coordinación del nefrólogo Manuel Alonso Gil, Coordinador de Trasplantes en Andalucía.
PAI de Urolitiasis
El PAI de Urolitiasis fue el último publicado, en 2011, con la coordinación del urólogo Miguel Arrabal Martín del Hospital Universitario San Cecilio de Granada.