lunes, 5 de mayo de 2014

Historia de la anestesia en España

Los espectaculares descubrimientos de agentes anestésicos que se produjeron en la mitad del siglo XIX, fundamentalmente en EEUU y el Reino Unido, fueron conocidos muy pronto en España en donde surgió un verdadero entusiasmo por su experimentación y uso clínico. Aunque se comenzaron a ensayar en muchas ciudades españolas, casi de forma simultánea, cabe destacar la actividad y el impulso desarrollado en Madrid, Barcelona y Santiago de Compostela.


Anestesia inhalatoria con éter sulfúrico

La demostración exitosa del éter sulfúrico como anestésico por William Morton el 16 de octubre de 1846 en el Hospital General de Massachusetts de Boston se difundió muy rápidamente por Europa, entrando primeramente la noticia por Londres y difundiéndose después por Francia, Bélgica, España y Alemania, los primeros países del continente en experimentar la novedad. Diego de Argumosa, catedrático de Cirugía en la Facultad de Medicina de Madrid, realizó el primer ensayo clínico en España con anestesia etérea el 13 de enero de 1847 a un paciente para drenaje de un absceso parotídeo. Entre el 13 y 26 de enero de 1847, Argumosa realizó cinco ensayos con el éter valiéndose para su administración del inhalador diseñado por William Herapath, pero con unos resultados que no le satisficieron plenamente. Estos primeros ensayos quedaron bien reflejados en la prensa médica y de información general, tanto de Madrid como en el resto de España. Oliverio Mechechan, un odontólogo americano residente en Madrid, fue el segundo que utilizó éter en España, a finales del mes de enero de 1847, ensayándolo en pacientes sometidos a extracción dentaria en los que consiguió buenos resultados.

Diego de Argumosa y Obregón (1792-1865). Catedrático de Cirugía en la Facultad
de Medicina de Madrid que realizó el 13 de enero de 1847 la primera anestesia
con éter sulfúrico en España para drenaje de un absceso parotídeo
Después de estos ensayos iniciales, transcurrirían bastantes días hasta una nueva aplicación del éter sulfúrico. Este lapso parece indicar que los cirujanos deseaban experimentar más detenidamente los problemas que planteaba la anestesia etérea, a la espera de las noticias que iban llegando del extranjero especialmente de París y Londres, y buena prueba de ello fue el inusitado interés de los cirujanos en autoexperimentar el anestésico y su uso en voluntarios, principalmente en estudiantes de Medicina. En Barcelona se experimenta por primera vez con perros en la segunda quincena de enero de 1847 por José Castells, Antonio Mendoza y otros profesores de la Facultad de Medicina de aquella ciudad. Fueron, sin embargo, muy frecuentes las autoexperimentaciones durante el mes de febrero y marzo de ese año. El químico Antonio Casares de la Universidad de Santiago de Compostela inhaló éter en el mes de febrero, antes de que José G. Olivares lo ensayara en un paciente. Más conocidos son los efectuados el 10 de febrero en la Academia Quirúrgica Matritense por Mariano Benavente, Ciriaco R. Jiménez, Ulpiano Fernández y Vicente F. Luengos, con resultados inconstantes. A finales de febrero, J. Sotos, también experimentó en Madrid con el éter sobre sí mismo. En este mismo mes de febrero tuvieron lugar otros autoexperimentos en Madrid con un grupo de estudiantes voluntarios, llegando a alcanzar un estado soporífico más o menos agradable y con pérdida de la sensibilidad. En Motril (Granada), también durante ese mes de febrero, Francisco Salo y otros efectuaron algunos experimentos en sí mismos; como también Pedro Arosamena, de la Universidad de Granada, el 4 de abril de 1847. En el mes de marzo, también fueron realizados otros nuevos autoexperimentos en la Facultad de Medicina de Madrid.

Mariano Benavente realizó en Madrid autoexperimentaciones
con éter y cloroformo durante el año de 1847
El aparato para la administración del éter fue considerado de gran importancia y muchos de los fracasos de anestesia ocurridos en los primeros ensayos se atribuyeron a sus imperfecciones. En España, lo mismo que sucedió en muchos otros países, el aparato inicialmente utilizado fue el inhalador de William Herapath, consistente en una vejiga urinaria de animal (cerdo o vaca) disecada, que contenía el éter, y a la que se acoplaba un tubito de cristal fuertemente unido por el que se aspiraban los vapores etéreos. Sin embargo, el grado de satisfacción con este aparato fue bajo y muy pronto comenzaron a diseñarse nuevos modelos. Los propuestos por Lüer, Charrière y Faraday, con ligeras modificaciones, fueron mejor aceptados. Algunos cirujanos españoles incluso diseñaron su propio aparato, como así hicieron Argumosa, San Martín y Ruíz Jiménez de Madrid, Salo y Pintor de Motril, y Shorliph de Málaga. La técnica de inhalación del éter fue muy debatida en España, estando algunos a favor del método bucal, mientras que otros proponían la vía nasal. Esta polémica quedó bien reflejada en el Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia, y en Anales de Cirugía de los meses de abril y mayo de 1847, en las que tuvo una intervención destacada Mariano Benavente.

Inhalador de Charrière que fue utilizado frecuentemente
en las primeras anestesias etéreas realizadas en España
El tercer cirujano que usó el éter en España con fines clínicos fue Antonio Mendoza, catedrático de Anatomía Quirúrgica en la Facultad de Medicina de Barcelona, el 16 de febrero para la amputación de una pierna a una paciente y que, pese al aceptable resultado, se vio empañado por su fallecimiento al día siguiente por causas no directamente atribuibles al procedimiento anestésico. El 11 de julio realiza un segundo ensayo con una niña de 11 años a la que practica la amputación de un brazo sin que experimentara dolor alguno. Mendoza vuelve a salir en medios de comunicación después de haber efectuado otra eterización el 26 de noviembre de ese año a otro niño de 11 años para amputarle una mano, utilizando esta vez un inhalador de diseño propio. Antonio Sáez, cirujano del Hospital General de Madrid, utilizó el éter el 19 de febrero para la extirpación de un gran tumor de mama a una paciente. Este mismo cirujano volvería a aplicar el anestésico el 21 de mayo a un niño de 13 años para una cirugía sobre las vías lacrimales. José Martín, catedrático de Clínica Quirúrgica de la Facultad de Medicina de Madrid, amputó un brazo a un paciente que hizo inhalar los vapores etéreos, aunque sin buenos resultados. El sexto cirujano que usó el éter en España fue José G. Olivares, catedrático de la Facultad de Medicina de Santiago de Compostela, posiblemente el 22 de febrero de 1847, para la extirpación de un pólipo nasal. Entre el mes de febrero y mayo realizó 14 eterizaciones publicando sus resultados en el mes de julio sin que lograran satisfacerle, a pesar de que muchos de sus ensayos fueron exitosos, y solo lo recomendaba para determinados casos, como para la reducción de fracturas o luxaciones.

Antonio Mendoza Rueda (1811-1872). Catedrático Anatomía Quirúrgica
de la Facultad de Medicina de Barcelona que fue pionero en España en el
uso de la anestesia tanto etérea como clorofórmica
El 25 de febrero de 1847 el cirujano Saturnino Lizárraga, de Pamplona, practica la amputación de un miembro inferior con inhalación de éter por vía nasal. Tres días más tarde Capdevilla, también en Pamplona, utiliza el anestésico para otra amputación pero con malos resultados. El 26 de febrero de 1847 J. Sotos, en Madrid, informa de dos operaciones efectuadas en estado de insensibilidad completa por aplicación de inhalación nasal de éter. En la ciudad de Ronda (Málaga) Nicolás Sánchez utiliza el agente anestésico, posiblemente ya a finales de febrero, para la reducción de una fractura a una joven, pero sin conseguir una buena anestesia. En Motril (Granada), Francisco Salo realizó anestesia etérea con éxito el 27 de febrero para la extirpación de un tumor mamario, repitiendo el procedimiento el 2 de marzo en dos pacientes, y el 19 de marzo en otro paciente, quedando muy satisfecho por los resultados obtenidos. Con posterioridad José Calvo, en la Clínica Quirúrgica de la Facultad de Medicina de Madrid, usó el éter el día 1 de marzo en dos operaciones, una amputación de mano y un desbridamiento de fístula, sin conseguir apenas efecto alguno. En Barcelona, el 19 de marzo de 1847, Federico Zulueta realizó una amputación de muslo con aplicación exitosa del éter. El 1 de abril Román Monteagudo en Madrid practica con éxito la amputación del dedo de una mano usando narcotización etérea. Ese mismo mes de abril Manuel Juanillo realizó en Sigüenza la amputación de los dos miembros inferiores a un joven con inhalación etérea pero sin conseguir buen resultado.

Antonio Sáez. Cirujano del Hospital General de Madrid
que empleo éter sulfúrico el 19 de febrero de 1847
para la extirpación de un gran tumor de mama
El 10 de mayo de 1847 Manuel Ortigón amputó el miembro a una joven en La Moraleja usando éter de inhalación bucal obteniendo resultados satisfactorios. El 27 de mayo Rafael Gorria en el Hospital Militar de la Victoria de Málaga, ensayó el éter en un soldado que tenía herida de bala en una mano, siendo administrado con el aparato diseñado por Shorliph, con buenos resultados. En Gerona, Pedro Casellas el 8 de agosto intentó, sin obtener resultado alguno, la anestesia etérea a una paciente para la amputación de una pierna. En Cádiz, el éter fue usado por primera vez el 12 de agosto de 1847 por José Mª G. Bustamante e Ignacio Ameller para una extracción dental aplicándolo con el aparato de Charrière. En septiembre de 1847 se premia por la Academia Esculapio de Madrid a Basilio San Martín por la presentación de un trabajo con 53 casos de eterización. En octubre de 1847, Vicente Guarnerio realiza en Santiago de Compostela la amputación de la lengua de un paciente profundamente eterizado, que tardó bastante tiempo en despertar después de ser operado. El último caso publicado con anestesia etérea en España, durante el año de 1847, corresponde a Eusebio Morales del Hospital General de Madrid a un paciente al que practicó la amputación de una pierna.

Publicación La eterización en España de José González Olivares
(Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia 1847; 81:235-7)
que presenta su experiencia personal en 14 pacientes con anestesia
etérea mostrando cierto escepticismo sobre las ventajas del método
Como hemos visto, la eterización fue conocida y empleada muy pronto en España después de las primeras experiencias en el Hospital General de Massachusetts de Boston. La técnica se extiende con profusión aunque no son muchos los casos clínicos publicados. La revista Anales de Cirugía es la primera en dar noticias de los primeros ensayos clínicos. Los cirujanos españoles siguen estrechamente las informaciones que a nivel mundial van apareciendo sobre los resultados de la eterización y de sus complicaciones. Se siguen especialmente las noticias que provienen de Francia, así como las discusiones habidas en el seno de sus academias médicas. En este sentido cabe destacar el esfuerzo de la revista médica La Abeja Médica de Barcelona, al publicar en sus páginas los resúmenes de los debates celebrados en las Academias de Ciencias y de Medicina de París durante el año 1847.

Basilio San Martín y Olaechea (1821-1901). Galardonado en septiembre
de 1847 por la Academia de Esculapio de Madrid por la presentación
de la memoria titulada: ¿En qué procederes operatorios tiene más
desventajas que utilidades la inhalación del éter sulfúrico?
Del reducido número de publicaciones de autores españoles que aportaron experiencia propia con anestesia etérea destacan los trabajos de José G. Olivares de Santiago de Compostela y de Basilio San Martín de Madrid, que presentan las estadísticas más importantes publicadas en España durante el año 1847. Olivares informó en julio de 1847 de 14 eterizaciones efectuadas en su clínica de la Facultad de Medicina compostelana. Esta publicación tiene una gran importancia histórica, no sólo por la casuística sino por las propias conclusiones que derivan de sus resultados, mostrando cierto escepticismo sobre la universalización del método. San Martín fue galardonado, como hemos comentado, en septiembre de 1847 por la Academia de Esculapio de Madrid por la memoria presentada ¿En qué procederes operatorios tiene más desventajas que utilidades la inhalación del éter sulfúrico?, que no llegó a ser publicada, y según Blasco Reta refería 53 observaciones de eterización, de las que 16 eran autoexperimentos efectuados por el autor. En 1847 también fueron publicadas dos monografías sobre el éter, una de Eduard E. Burgiéres en Cádiz y otra de Juan V. Hedó en Valencia. En ellas se refieren muchos de los primeros ensayos y experimentos realizados en París a comienzos del año, pero sin aportar experiencia clínica personal.

Publicación Estudios estadísticos y críticos sobre la eterización
de E. Burgiéres (Imp. José María Ruiz, Cádiz, 1847) que fue una
de las primeras monografías escritas en España sobre anestesia
Los cirujanos españoles tomaron la novedad con mucha cautela, lo que dificultó un uso más amplio del anestésico. Los resultados no fueron, en general, muy alentadores. A finales de ese mismo año de 1847, el éter sería totalmente desplazado por el cloroformo, al contrario que en otros países en que se mantuvo cierta fidelidad. Así, la aceptación del éter en España fue muy dispar pues como se comentaba en las páginas de Anales de Cienciaunos profesores lo reciben con entusiasmo, otros con indiferencia y timidez, algunos con cierta credulidad, otros con escepticismo, aquellos con desconfianza”. Durante la segunda mitad del siglo XIX prácticamente nadie usaba el éter en España, y no sería hasta el final de esa centuria cuando algunos cirujanos, cansados ya de tantas complicaciones con el cloroformo, decidieron volver a utilizarlo.

Publicación Análisis de cuanto se ha dicho sobre el éter de Juan Vicente y Hedó
(Imp. Presidio, Valencia, 1847) que también fue de las primeras monografías
publicadas en España sobre anestesia
Cabe destacar que el éter fue estudiado ampliamente en España, no solamente en el ámbito del laboratorio, para conseguirlo más fácilmente con el mayor grado de pureza, sino en experimentación en animales y en numerosos autoexperimentos. Los mecanismos de acción del éter, sobre la hemostasis y la inervación, fueron estudiados muy pronto, así como el modo de obrar del vapor de éter mezclado con el aire inspirado. Asimismo, cabe destacar el interés de los cirujanos para conseguir un aparato para la fácil y adecuada administración del anestésico poniendo a prueba su capacidad imaginativa y creadora. Las aportaciones españolas fueron interesantes y lograron alcanzar una gran difusión. La técnica de administración del éter fue también una cuestión muy debatida. Muchos rechazaron el método de administración continua durante toda la operación, en la creencia de que era suficiente la administración en la fase inicial o inducción. Pero todavía fue más debatido el dilema de administrar el éter por la vía nasal o bucal.

Se puede concluir diciendo que los cirujanos españoles, al igual que sucedió en otros países, no supieron hacer una valoración de los resultados obtenidos en sus primeros ensayos, muchas veces considerados por ellos mismos como no satisfactorios, pero que hoy serían tomados como aceptables; ya que hay que distinguir entre anestesia completa, con pérdida total de la conciencia y relajación muscular, y un estado de analgesia sin afectar significativamente el estado de conciencia y actividad muscular.


Anestesia inhalatoria con cloroformo

Las primeras experiencias realizadas con cloroformo por James Y. Simpson, profesor de Obstetricia en Edimburgo, en noviembre de 1847 resultan exitosas, extendiéndose el nuevo anestésico rápidamente por Gran Bretaña y por todo el mundo. El día 20 de ese mes es también utilizado por el cirujano William Fergusson en el hospital St. Bartholomew de Londres. La prensa médica y diaria inglesa da una gran difusión a estos primeros ensayos y, ya en los últimos días de noviembre de 1847, el descubrimiento de la anestesia clorofórmica había llegado a todos los países europeos.

A finales de noviembre de 1847, las noticias de las primeras experiencias con la anestesia clorofórmica por Simpson y Fergusson llegan a España por la prensa médica y de información general inglesa y francesa. El diario El Barcelonés de Barcelona y El Español de Madrid dan las primeras informaciones los días 27 de noviembre y 3 de diciembre respectivamente de ese año. Las primeras revistas médicas que dan cuenta de tal acontecimiento son El Telégrafo Médico de Barcelona y la Revista de Ciencias Médicas de Cádiz el mismo mes de noviembre. Las ciudades que tomaron la iniciativa fueron Santiago de Compostela, Barcelona y Madrid.

Hospital Real de Santiago de Compostela. Este hospital fue de los
primeros en España en realizar ensayos con éter y cloroformo
por el decisivo impulso de Vicente Guarnerio y José G. Olivares
En Santiago de Compostela, las primeras noticias se reciben posiblemente a finales del mes de noviembre de 1847 por medio de la prensa diaria francesa. Vicente Guarnerio, catedrático de Clínica Quirúrgica en la Facultad de Medicina de Santiago, reconoce que se informó del hecho por el periódico parisino El Diario de los Debates del día 24 de noviembre, que leyó el 4 de diciembre. Antonio Casares, catedrático de Química y a la sazón rector interino de la Universidad compostelana, consigue obtener una pequeña cantidad de cloroformo, precisamente por un método muy similar al que había propuesto Eugène Soubeiran en Francia. La noticia es recibida con gran interés por los profesores de la Universidad iniciando, desde el primer momento, una intensa actividad investigadora, tal vez no igualada en otro lugar de España, lo que les llevará a ser los primeros en experimentar sus efectos. Todos estos ensayos fueron rápida y ampliamente difundidos en la prensa médica y de información general española.

Antonio Casares Rodrigo (1812-1888). Catedrático de Química de
la Facultad de Farmacia de Santiago de Compostela que consiguió
sintetizar cloroformo y colaboró en las primeras experimentaciones
con este agente anestésico en el Hospital Real de Santiago
Antonio Casares consigue obtener una suficiente cantidad de cloroformo, y el día 19 de diciembre reúne en su laboratorio a los profesores Vicente Guarnerio, José G. Olivares y Andrés de Laorden. En su presencia aplica el cloroformo a un perro con buenos resultados. Posteriormente, Casares ensaya consigo mismo sintiendo al medio minuto de aplicación una relajación muscular completa y un estado de insensibilidad y adormecimiento, sin pérdida total de la consciencia, con recuperación progresiva de la sensibilidad a los 6 minutos aunque con persistencia de un embotamiento general que duró unos 20 minutos.

Vicente Guarnerio Gómez (1818-1880). Catedrático de Clínica Quirúrgica
de la Facultad de Medicina de Santiago de Compostela que realizó la
primera anestesia clorofórmica en España el 20 de diciembre de 1847
para una amputación parcial de pene
Después de esta fase experimental inicial, al día siguiente, el 20 de diciembre, Guarnerio realiza la primera intervención con anestesia clorofórmica en su clínica quirúrgica del Hospital Real de Santiago a un paciente de 62 años afecto de un cáncer de pene al que practica una amputación parcial sin que note dolor alguno, publicando su experiencia en la Gaceta Médica editada el día 30 de diciembre. Con posterioridad, entre el 20 y 24 de diciembre de 1847, José G. Olivares, catedrático de Enfermedades de la Mujer y de los Niños de la Facultad de Medicina de Santiago, también ensayó el cloroformo en el mismo Hospital Real, según se desprende de un escrito suyo publicado el 2 de enero de 1848 en el Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia, aplicando el procedimiento anestésico con éxito primeramente a una paciente de 35 años a la que práctico exéresis de un cáncer de mama con vaciamiento ganglionar axilar, sin precisar exactamente el día exacto en que lo realiza. El día 24 del mismo mes, ahora sí hay precisión en la fecha, aplicó por segunda vez el cloroformo a un paciente con cáncer de pene al que practicó amputación parcial, consiguiendo un resultado tan satisfactorio que llegó a afirmar que “por este medio se llega indudablemente a alcanzar lo que después de siglos se buscó con empeño”. Esta impresión tan favorable de Olivares con el cloroformo contrasta notablemente con la más desfavorable que tuvo previamente con el uso del éter sulfúrico. A partir de estos éxitos iniciales, el cloroformo sería utilizado con profusión en las clínicas quirúrgicas del Hospital Real de Santiago según se desprende de lo manifestado en distintas publicaciones en la Revista Médica de Santiago por los profesores Andrés de Laorden, Manuel Pintado, Juan Magaz y el propio José G. Olivares.

A pesar de la vaguedad con que se expresa Olivares respecto a la fecha en que realiza su primera intervención con anestesia clorofórmica, parece que fue Guarnerio el que lo aplicó primeramente a tenor de la documentación de que se dispone. Juan G. Baeza, ayudante de Guarnerio, dice claramente en sus publicaciones en la Revista Médica de Santiago que fue su maestro el primero en aplicar el cloroformo. El propio decano de la Facultad de Medicina de Santiago, José Varela de Montes, certifica esta circunstancia en sus escritos. La expectación que levantó la intervención que realiza Guarnerio, con asistencia de varios profesores a la sala quirúrgica (de Laorden, Pintado, La Riva, Teijeiro y otros) y de numerosos alumnos, dibuja un escenario reservado solo para los grandes acontecimientos. El mismo Olivares no intenta en ningún momento, en sus múltiples escritos, desmentir estos hechos ni tampoco manifestar que fue él el primero en utilizar el cloroformo.

Revista La Abeja Médica donde Antonio Mendoza publicó
su primera experiencia con el uso de cloroformo el día
20 de diciembre de 1847 para una amputación supracondílea
Por otra parte, Antonio Mendoza, catedrático de la Facultad de Medicina de Barcelona, también utilizó el cloroformo, preparado por el farmacéutico Francisco Doménech, el mismo día 20 de diciembre de 1847, según él mismo refiere en una publicación en La Abeja Médica, para realizar una amputación de muslo a una paciente que padecía un sarcoma de rodilla consiguiendo una total insensibilidad. El día anterior había realizado un ensayo previo en un perro con resultados satisfactorios. No obstante, la mayoría de las informaciones que surgieron no dudan en reconocer que fue en Santiago donde se realizaron las primeras experiencias, siguiendo un método científico que fue debidamente documentado y difundido. En la hoja de servicios del profesor Guarnerio, localizada en la Universidad de Granada, consta lo siguiente: “En 1847 (...) fue el primero en España que ensayó y practicó un hecho que tuvo lugar en la Facultad de Medicina de Santiago, con la asistencia de muchos médicos, de lo que se ocupó la prensa”. En el periódico científico madrileño La Verdad, editado por Pedro Mata, catedrático de la Universidad de Madrid, el día 8 de enero de 1848, bajo el título Cloroformo, se escribe lo siguiente: “Son cada día más satisfactorios las noticias de los segurísimos efectos anestésicos producidos por esta sustancia. Los ensayos practicados en España confirman en sus resultados los de otros países de que tienen ya conocimiento nuestros lectores. A la Facultad de Santiago, que a pesar del corto tiempo de creación, tiene sobrados títulos adquiridos para su celebridad, cabe también la gloria de haber sido la primera en ensayar en nuestra patria el uso del cloroformo”. Asimismo, el periódico madrileño El Espectador, de información general, publica el día 3 de febrero de 1848 una amplia nota titulada Efectos del cloroformo donde se escribe: “Cabe la gloria a la Facultad de Medicina de Santiago de haber sido la primera en la península en apreciar los maravillosos efectos del cloroformo”.

En la sesión de la Real Academia de Barcelona del 15 de enero de 1848, Mendoza da cuenta de un segundo caso de cloroformización en una paciente con luxación de tobillo. En esta misma sesión, José Castells informa del uso del cloroformo en un anciano de 72 años con respuesta parcial al emplear una baja dosis del anestésico.

En Madrid, las primeras noticias de la anestesia clorofórmica aparecen en la Gaceta Médica del día 10 de diciembre de 1847. Merino y Diego Lleget consiguen obtener las primeras preparaciones de cloroformo los días 15 y 25 de diciembre respectivamente. El 26 de diciembre Basilio San Martín, Mariano Benavente y Lázaro Saralegui realizaron una serie de autoexperimentos, que repitieron el día 28 Carrasco y Tragó. Pérez Flor experimenta con animales manifestando que el cloroformo es poco ofensivo manejado en manos expertas. A partir de estos buenos ensayos experimentales, sería Bonifacio Blanco del Hospital General quien utilizaría por primera vez el cloroformo en la clínica, el día 30 de diciembre de 1847, para la dilatación de una fístula de ano a un joven de 19 años. En el mes de febrero del siguiente año, vuelve a utilizar el agente anestésico hasta en 13 pacientes. El 16 de enero de 1848 José Calvo usa cloroformo para amputación de una pierna a un paciente de unos 50 años con excelentes resultados, volviendo a repetir la experiencia en otro paciente en el mes de marzo. A mitad de enero, Argumosa y Solís efectúan dos operaciones con el cloroformo con resultados no satisfactorios por defectos técnicos en la administración del anestésico. Pedro G. Velasco, el día 20 de enero, opera a una enferma de 30 años por hernia crural estrangulada aplicando, como novedad, dosis accesorias de cloroformo durante el curso de la intervención. Otros cirujanos pioneros que usaron la cloroformización en Madrid fueron Eusebio Morales el 26 de enero para una resección de fémur, que volvería a usar otras intervenciones el 12 y 16 de febrero; Oliverio Machechan en febrero para una operación dental; José Díaz el día 10 de febrero para reducir una luxación escápulo-humeral; P. M. Torre el 21 de febrero para una queiloplastia, volviendo a usarlo en otros dos pacientes al mes siguiente; Melchor S. de Toca el 27 de marzo para una amputación de pierna; y Antonio Sáez el 30 de marzo para un tumor de la pared del abdomen.

José A. Prats, del Hospital Militar de Zaragoza, usa el cloroformo el 24 de enero de 1848 para la amputación de un metatarsiano. Su colega José Marqués también lo emplea para desbridar un adenoflemón inguinal. El cirujano Francisco Martínez, del Hospital de la Caridad de Cartagena, el 28 de enero realiza dos amputaciones en las que usó anestesia clorofórmica. Mañas y Ciruelo, del Hospital General de Zaragoza, publican tres casos de cauterización de extensas úlceras realizadas bajo anestesia clorofórmica en el mes de febrero, llamando la atención el tiempo de hasta 9 minutos que precisaron para conseguir la completa anestesia.

Publicación Memoria del Cloroformo de Emilio Pi y Molist que fue
galardonada por la Academia de Medicina y Cirugía de Barcelona en 1849
Emilio Pi y José A. Reynés resultan premiados en sendas monografías sobre el cloroformo presentadas al premio convocado por la Real Academia de Medicina de Barcelona, con fallo del 15 de diciembre de 1849. La monografía de Pi reúne 66 ensayos realizados por distintos cirujanos, de los cuales solamente 9 son españoles. Otras monografías de interés son la escrita por José A. Prats en 1851 con una estadística propia de 20 pacientes, y otra por Román Vizcarro en 1853 que recoge unas 80 observaciones de la clínica quirúrgica de Antonio Mendoza.

Román Vizcarro Tomás que publicó Memoria sobre el cloroformo, éter
y demás medios insebilizantes en 1853 donde recoge unas 80
observaciones de la clínica quirúrgica de Antonio Mendoza
A partir de estos ensayos iniciales, con resultados satisfactorios, el cloroformo consigue desplazar totalmente al éter sulfúrico, que había sido introducido sólo unos meses antes, siendo utilizado prácticamente como único agente anestésico durante una buena parte de la segunda mitad del siglo XIX.


Anestesia inhalatoria con óxido nitroso

El óxido nitroso o protóxido de ázoe fue el primer gas conocido al que se reconocieron sus propiedades anestésicas. El fracaso de la demostración pública realizada el 15 de enero de 1845 por Horace Wells en el Hospital General de Massachusetts de Boston, debido a errores técnicos en su administración, retrasará su incorporación a la práctica clínica hasta que Gardner Q. Colton en 1863 consiga demostrar sus excelentes prestaciones como agente anestésico, difundiéndose su uso rápidamente por todo el mundo.

Cartel publicitario del dentista catalán José Meifrén y Alfaras que fue el primero
en España en la utilización de óxido nitroso para anestesia en el año 1868
Las primeras noticias que se publicaron en la prensa médica española sobre el óxido nitroso datan de 1866, siendo los odontólogos de Cataluña los que tuvieron un papel determinante en su introducción. El primero en utilizarlo fue el dentista José Meifrén en Barcelona, que aprendió la técnica en una visita a París, y empezó a utilizarlo de forma habitual en sus pacientes a partir de 1868. Posteriormente publicó un folleto ese mismo año que recogía el dictamen de la Academia de Medicina y Cirugía de Barcelona conjuntamente con el emitido por una comisión especial del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona sobre la anestesia con el protóxido. Estos comisionados emiten un informe favorable al uso de este anestésico considerándolo más indicado en intervenciones de corta duración. Con posterioridad, el dentista de Barcelona Juan B. Barbier utiliza también el protóxido en su clínica. En Madrid, el odontólogo Dueñas utiliza este agente a partir de octubre de 1869, aunque dejó de utilizarlo debido al alto coste del procedimiento para su obtención.

Publicación Extracción y operaciones dentarias sin dolor por medio de la
administración del protóxido de ázoe de José Meifrén (Imp. Narciso Ramírez y Co,
Barcelona, 1869) que fue el informe que sirvió para la aprobación del anestésico
por la Academia de Medicina y Cirugía y el Colegio de Farmacéuticos de Barcelona
Esquema original de la publicación de José Meifrén para solicitar la
aprobación del protóxido de ázoe por las autoridades sanitarias de Barcelona
El protóxido no tuvo una buena aceptación general en España en sus inicios, y para ello sólo confinado su uso al ámbito de la Odontología, teniendo que competir duramente con el cloroformo que siguió siendo el agente anestésico preferido por los cirujanos españoles durante varias décadas. Las limitaciones fundamentales para el uso del óxido nitroso eran, como ya hemos comentado, las dificultades en su elaboración, conservación y almacenamiento que ocasionaban unos costes elevados. Pero, a pesar de ello, de los anestésicos inhalatorios que primeramente fueron empleados, el éter y el cloroformo fueron abandonados hace ya tiempo mientras que el óxido nitroso aún sigue utilizándose en los quirófanos de todo el mundo.


Anestesia local y regional

Antes de la introducción de la cocaína, Simón R. Bruguera, estomatólogo de Barcelona, en 1864 publica su experiencia en 37 pacientes con el empleo de una mezcla de cloroformo y alcanfor como medio para obtener anestesia local en las operaciones bucales, refiriendo buenos resultados. Dos años después, el mismo Bruguera comienza a utilizar el éter pulverizado mediante el aparato de Richardson, manifestando también unos resultados satisfactorios. José de Letamendi, entonces catedrático de Anatomía de la Facultad de Medicina de Barcelona, propuso una variante técnica en la aplicación de las pulverizaciones de éter para conseguir anestesia local consistente en practicar unos ligeros cortes en la piel con hoja de bisturí para provocar una placa isquémica que favorecería los efectos anestésicos del éter. Presentó las conclusiones de su trabajo en el IV Congreso Médico Internacional celebrado en Bruselas en septiembre de 1875, pero la discutible eficacia del método impidió su generalización en la práctica quirúrgica.


Pulverizador de Richardson que fue utilizado por
Simón Bruguera en 1866 para conseguir un efecto
anestésico local mediante pulverizaciones de éter
José de Letamendi y Manjarrés (1828-1897). Catedrático de Anatomía de la
Facultad de Medicina de Barcelona que propuso sin éxito en 1875 la aplicación
de pulverizaciones de éter con incisiones isquémicas en la piel pretendiendo
favorecer los efectos anestésicos
Las noticias del descubrimiento de la anestesia ocular por Carl Köller, mediante la aplicación local de cocaína, llegaron muy pronto a España. El oftalmólogo de Barcelona Luis Carreras fue el primero en ensayar el método, publicando sus primeros resultados en la Revista de Ciencias Médicas de Barcelona el 10 de diciembre de 1884 refiriendo resultados satisfactorios. A éste siguen las publicaciones de José A. Barraquer, Manuel Menacho, Eugenio J. Canal, Manuel I. Osío y Juan Ristol. También los odontólogos utilizaron la cocaína por inyección local, destacando los ensayos de Rudesindo Trallero o Esteban Toirán.

Luis Carreras Aragó (1835-1907). Oftalmólogo catalán primero
en España en aplicar cocaína localmente para cirugía ocular
publicando sus buenos resultados el 10 de diciembre de 1884
El cirujano alemán August Bier practica el 16 de agosto de 1898 la primera experiencia exitosa de anestesia raquídea mediante la administración de una solución de cocaína y, casi al mismo tiempo, el francés Theodore Tuffier ensaya un método similar. Al año siguiente publican sus resultados en revistas de gran difusión y son presentados en el XIII Congreso Internacional de Medicina de París en agosto de 1900, lo que facilita la rápida introducción del procedimiento en todo el mundo.

Francisco Rusca Doménech (1868-1909). Profesor de Clínica Quirúrgica de la Facultad
de Medicina de Barcelona que realizó la primera raquianestesia con cocaína en España
el 13 de mayo de 1900 en un paciente sometido a amputación supracondílea
Luis Guedea Calvo (1860-1916). Catedrático de Clínica Quirúrgica de la Facultad
de Medicina de Madrid que fue uno de los pioneros en España en el uso de la
anestesia raquídea con cocaína durante el año 1900
Publicación La  raquicocainización en la litolopaxia de Ricardo Lozano Monzón
(Revista de Medicina y Cirugía Prácticas 1902, 54). Catedrático de Clínica Quirúrgica
de la Facultad de Medicina de Zaragoza que fue uno de los iniciadores de la
anestesia raquídea en España
En España el primer ensayo con raquianestesia se realiza el 13 de mayo de 1900 por el cirujano Francisco Rusca del Hospital Sagrado Corazón de Barcelona en un paciente con sarcoma de tibia que es sometido a amputación del miembro. Rusca publica en la Revista de Ciencias Médicas de Barcelona del 25 de junio de 1900 sus resultados satisfactorios en 16 pacientes. A lo largo de este mismo año y del siguiente son muchos los cirujanos españoles que ensayan este nuevo método anestésico como Manuel Barragán en Madrid, L. Colomer y A. Bellver en Valencia, Patricio Borobio en Zaragoza, José Spreafico en Almería, Miguel Horta y Enrique Ribas en Barcelona, Claudio H. Ros en Murcia, Luis Guedea de Madrid, Antonio Raventós en Barcelona o Ricardo Lozano en Zaragoza. A partir del año 1901 disminuye el número de ensayos debido a los efectos secundarios que empiezan a comunicarse por la cocaína. La introducción de nuevos agentes anestésicos, como la estovaína y sobre todo la novocaína, menos tóxicas e igualmente eficaces que la cocaína, harán de nuevo resurgir la anestesia lumbar.

José Mª Bartrina Thomas (Barcelona), Vicente Sagarra Lascurain (Valladolid)
y Mariano Gómez Ulla (Madrid) encabezaron los tres principales grupos
en España en el uso de la anestesia intradural a partir del año 1914
Publicación La anestesia extradural de Salvador Gil Vernet
(Imp. S. Vilalta, Barcelona, 1917). Catedrático de Anatomía de
la Facultad de Medicina de Barcelona que inició en España
la anestesia epidural sacra
A partir de 1914 se destacan tres grupos en España con el empleo de la anestesia intradural. Uno es el dirigido por José Mª Bartrina, catedrático de la Facultad de Medicina de Barcelona, con una experiencia de unos 750 casos, otro por Vicente Sagarra, catedrático de la Facultad de Medicina de Valladolid, y el otro por Mariano Gómez Ulla, cirujano del Hospital Militar General de Carabanchel (Madrid).


Fidel Pagés Miravé (1886-1923). Cirujano militar aragonés que propuso por
primera vez en el mundo el método de anestesia epidural en el año 1921
Publicación Anestesia metamérica de Fidel Pagés
(Imp. Julio Cosano, Madrid, 1921).
Refiere su experiencia personal en 43 pacientes
con el nuevo método de anestesia epidural
Esquemas originales de la publicación Anestesia metamérica de
Fidel Pagés donde señala aspectos técnicos de la anestesia peridural
La anestesia epidural a través del hiato sacro fue primeramente experimentada por los franceses Sicard y Cathelin en 1901. En España, Salvador Gil Vernet, catedrático de Anatomía de la Facultad de Medicina de Barcelona, publica en 1917 su experiencia con la técnica utilizada en 27 pacientes, y en 1918 presenta su tesis doctoral sobre el mismo tema. En 1921, el cirujano español Fidel Pagés desarrolla una innovadora técnica de anestesia raquídea introduciendo la aguja en el canal espinal a nivel lumbar o torácico pero sin llegar hasta el espacio intradural. Posteriormente publica su experiencia con 43 pacientes, pasando a ser conocido este nuevo método como anestesia epidural o peridural. El cirujano italiano Achille M. Dogliotti publica en revistas médicas prestigiosas este mismo método anestésico en 1931, sin mencionar el trabajo previo de Pagés, con lo consigue ser injustamente reconocido como pionero en el uso de esta técnica a nivel mundial. La anestesia peridural alta fue utilizada en España por J. M. Martínez Sagarra y J. M. Remetería, publicando sus trabajos en 1932 y 1934 respectivamente.

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